El free cinema, de los jóvenes airados al pop.
El 8 de mayo de 1956 en el Royal Court Theatre se estrena “Mirando hacia atrás con ira” de John Osborne, dirigida por Tony Richarson. En escena, tres jóvenes comparten apartamento en un sórdido barrio de Londres, su protagonista; Jimmy Portter, es un frustrado músico de jazz y su grito desaforado, su rabia contra el sistema y lo establecido, fue un éxito y un desafío.
Al calor de esa furia se reunieron los angry young men, que dieron una patada en el culo (como lo haría décadas después el punk) a una sociedad conservadora, que les miraba por encima del hombro y los encerraba en la jaula de los locos.
Kingsley Amis ideólogo de los jóvenes airados escribía en su manifiesto; “nadie quiere más poemas sobre filósofos o pintores o novelistas o galerías de arte o ciudades extranjeras u otros poemas. Al menos, tengo la esperanza de que nadie los quiera”.
               
     

Tony Richarson.

               
                 
   
Los llamados “kitchen sink dramas” fueron el detonante de una corriente que abarca distintos lenguajes, no solo el teatro, la literatura, también la emergente televisión y la cultura pop.
Unos meses antes, se mismo año, en el Nacional Film Theatre se proyectan tres películas; “Together” de Lorenza Mazzeti, “O Dreamland” de Lindsay Anderson y “Momma don´t allow” de Karen Reisz y Tony Richarson, el programa, bautizado como; free cinema y ese fue el nombre con que se ha conocido a un género que continua vigente hoy y que tiene entre sus máximos representantes a cineastas como Tony Richarson, Jack Clayton, John Schlesinger o Ken Loach.
     
  Lindsay Anderson
                       
 
El free cinema es un cine amargo, desnudo de artificios y lejos de las bellas imágenes de la campiña inglesa, de la aristocracia elegante y cool. Bebe el aguardiente del neorrealismo italiano, utilizando los exteriores reales de los suburbios ingleses para mostrar unos personajes rebotados, antisociales, en un mundo sin expectativas; el racismo, el paro, el aborto, el arribismo social, la búsqueda femenina de la libertad y el sexo son sus preocupaciones primordiales, los vemos en ciudades oscuras y frías de provincias, en bares llenos de humo, en broncas callejeras, en trenes que viajan a un Londres sin futuro, en reducidos apartamentos donde la ropa interior femenina se seca colgada de un cable, sobre la cama. No hay habitaciones con vistas, sino ventanas estrechas que dan a los sumideros de los callejones embarrados. Crueles y atormentados, luchan desesperadamente por mantener la cabeza a flote y escupen sobre una sociedad clasista que no los acepta y que no les ofrece ninguna oportunidad.
La denuncia está servida y la ruptura con los esquemas clásicos del lenguaje cinematográfico introduce elementos como la voz en off , la utilización de la cámara incisiva y en movimiento, acercándose al género documental y mostrando con crudeza una realidad tan incómoda como auténtica.
                       
Los años dorados del free cinema no abarcaron más que lo que le costó a Hollywood llevarse a su industria devoradora a sus más destacados representantes pero su legado son una serie de títulos que todavía hoy nos remueven incómodos en la butaca; “Mirando hacia atrás con ira”, “Un lugar en la cumbre” , “Sabor a miel”, “La soledad del corredor de fondo”, “Darling”, “Domingo, maldito domingo”, “Esa clase de amor”, “Sábado noche, domingo por la mañana” ,”Tom Jones”, “El fotógrafo del pánico” fueron botón de muestra de el nuevo cine inglés, si bien estos títulos forman parte de una renovación europea del cine, que se pone del lado responsabilidad cívica y social con bajos presupuestos y propuestas que rompen los esquemas clásicosEl free cinema descubrió además nombres que son hoy clásicos del cine, pero en los años sesenta y antes del swiming london eran un elenco de jóvenes actores con poca experiencia ante las cámaras, que si bien se habían formado en la tradición inglesa del teatro, revolucionaron los tópicos de la belleza y de las formas de actuación.
La elegancia lánguida de Julie Christie, la extraña belleza anti star system de Rita Tushingham, la poderosa y modernísima imagen de Vanesa Redgrave y Susannha York, fue y perdón por la expresión, su sección femenina.
El free cinema implantó en el firmamento del star system caras nuevas y nuevos actores de fragilidad extrema como Tom Courtnaey, dandys al más puro estilo británico como Laurence Harvey y seductores canallas como Albert Finney, además de las ambigüedad sexual de Alan Bates… nada más y nada menos.
Fuera de campo y recuperados tras superar los crudos inicios quedan Terence Stamp y Dick Bogarde representantes sin ninguna duda del cool inglés, pero quizás demasiado sofisticados para las películas sociales que ocuparon estos años en que el grito de los airados se oyó en la sociedad inglesa.
En las siguientes entregas, analizaremos algunas de sus más emblemáticas películas completando este itinerario por un estilo que en nuestros días podemos reconocer en películas como; “Mi hermosa lavandería”, “Billy Elliot”, “Full Monty” o “Lloviendo piedras”.
     
         
   
La soledad del corredor de fondo