Para muchos de nosotros, 1967 es un año inmejorable en lo que se refiere a la edición de discos (“Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band”, “Buffalo Springfield Again”, “Younger than yesterday”, “Surrealistic Pillow”, “Are You Experienced”, “A Piper At The Gates of Dawn”…), obras que, en muchos casos, representaron la culminación de la psicodelia. Sin embargo, una vez alcanzada esta cima, algunos músicos se cansaron de los excesos de la época.
                                         
 
El disco de Bob Dylan “John Wesley Harding” parece ser el punto de inicio de cierta recuperación de la sencillez en las formas musicales y el rescate de músicas tradicionales americanas, arrinconadas, en parte, con la llegada del pop y la psicodelia.
Tras una serie de discos que renovaron el blues eléctrico y supusieron un cambio cuantitativo en las letras de canciones rock, el judío errante recupera historias de marginados y perdedores, imaginería bíblica y vida en la carretera, alimento de las canciones tradicionales americanas cuyas formas retoma en un disco desnudo y seco que debió impactar como un puñetazo en las caras de los melenudos colocados que dominaban la escena musical de entonces.
Los Stones abandonaron sus aventuras ácidas y grabaron “Beggars´ Banquet”, un disco primitivo embebido de blues rural, comenzando una vuelta a sus orígenes musicales de la mano del productor Jimmy Miller, los Beatles grabaron uno de sus discos más directos y básicos, con una portada blanca tras el barroquismo visual y sonoro de “Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band” y Eric Clapton disolvió Cream.
Pero la decisión de Clapton, según sus propias palabras, obedeció al descubrimiento de un disco grabado por el grupo protagonista de este artículo, The Band, que junto a la Creedence Clearwater, Flying Burrito Brothers o incluso los Flamin´ Groovies de la primera época sería clave para recuperar el riquísimo legado musical norteamericano.
                                         
 
Caminarás por la autopista sin fin.
 

  Levon_and_the_hawks_1964

La historia de The Band comienza a finales de los años 50, cuando un joven canadiense de sangre india y judía, Robbie Robertson asistió a un concierto de Ronnie Hawkins and The Hawks, donde ya militaba Levon Helm como batería. Impresionado por el sonido del rockero de Arkansas, Roberton se une al grupo como guitarrista. Rick Danko, y Richard Manuel (quien provenía de los Rockin´ Revols) serían los próximos en unirse a la banda conocida como The Hawks.
El último en unirse a esta formación, en 1961, fue el teclista Garth Hudson, lider de Paul London and The Kapers, con quienes ya había grabado un par de singles. Garth era bastante mayor que los otros miembros del grupo, y su familia no veía bien que tocase rock and roll, por lo que tuvo que inventarse que daba lecciones de música clásica a los restantes miembros del grupo para poder ensayar con ellos.
Con esta alineación, Ronnie Hawkins and The Hawks actuaron a destajo por el sur de Canadá y grabaron varios singles, siendo su mayor éxito las salvajes recreaciones de Bo Diddley recogidas en el sencillo "Who Do You Love"/"Bo Diddley".
                                         
 
Pero a principios de 1964, desavenencias personales y económicas hacen que The Hawks abandonen a Hawkins en desbandada, montándoselo por su cuenta como The Squires y Levon and The Hawks, dándole una orientación más blues y soul a su música.
                                         
 
Poesía eléctrica.
En 1965 Bob Dylan estaba redefiniendo el blues eléctrico tanto a nivel formal como a nivel literario y necesitaba un grupo que pudiese servirle para plasmar ese “sonido salvaje mercurial” que escuchaba en su mente.
 Por suerte, Mary Martin, secretaria de Albert Grossman, manager de Dylan por aquel entonces, propuso a Levon and The Hawks para ello, y tras verlos en directo, Zimmerman decidió quedarse con Helm y Robertson guitarra y batería respectivamente) para su experimento, a pesar de las reacciones negativas por parte del público del festival Folk de Newport, donde actuó acompañado de los miembros de la banda de Paul Butterfield Sam Lay (batería) y el gran mago de la guitarra blues de la escena judía de Nueva York, Mike Bloomfield. Completando la formación con el bajista Harvey Brooks y el teclista Al Kooper, Dylan ofreció su famoso pase en el festival folk , sorprendiendo al público folkie que no esperaba una explosión eléctrica de sonido salvaje sazonado con letras surrealistas y que respondió con incomprensión y abucheos, pero a pesar de ello, Dylan siguió fiel a su visión y anunció la intención de continuar su aventura. Con Robbie Robertson y Levon Helm sustituyendo a Lay y Bloomfield, Dylan continuó tocando durante un par de meses.

Dylan & The Band

                                         
 
Sin embargo, Robertson y Helm pidieron a cambio de quedarse que se unieran Danko, Manuel y Hudson, es decir los restantes Hawks. Después de una serie de ensayos en Toronto, podemos dar por comenzada una sociedad musical que cambiaría la historia del rock: Bob Dylan & The Band. Ese mismo año, publicarían el single “Positively Fourth Street/Can You Please Crawl Out Your Window”.
Sus primeros conciertos en Nueva York suscitaron reacciones negativas por parte de la crítica y el público folkie de Dylan, quienes le acusaban de haberse vendido al rock y haberse convertido en un producto de consumo capitalista, sin embargo, después de esta gira, nada volvería a ser igual en el mundo del rock.
                                         
 
Helm se cansó de los abucheos y abandonó el grupo por un tiempo, siendo sustituido por Mickey Jones. A pesar de todo, la gira continuó, pasando por Australia y culminando su tramo europeo en el famoso concierto del “Royal Albert Hall”, celebrado el 17 de Mayo de 1966, (que en realidad fue grabado en el Free Trade Hall de Manchester), cuyo testimonio está disponible oficialmente en el volumen IV de los Bootleg Series de Bob Dylan.
Tras una introducción acústica en la que Dylan ignoró al completo sus canciones más politizadas, dando rienda suelta a sus oníricas letras de tintes beatnik, Dylan y The Band irrumpieron en escena como un huracán de poesía eléctrica (Marlon Brando llegó a decir que las dos cosas más ruidosas que había escuchado en su vida fueron un tren de mercancía descarrilando y Bob Dylan actuando con The Band), abriendo su show con la “Tell Me Momma” (un disparo de rock and roll directo y salvaje que jamás se grabó en disco), y ofreciendo revisiones eléctricas de “Baby Let Me Follow You Down” (basada en la versión del Reverendo Gary Davis e incluida en el primer disco de Zimmerman), “I Don´t Relieve You (She Acts Like We Never Have Met)” y “One Too Many Morning”, así como piezas estelares de su Highway 61 Revisited (“Ballad of a Thin Man”, “Just Like Tom Thumb Blues”, una homérica versión de “Like a Rolling Stone” que será comentada más tarde) y un adelanto del recién editado “Blonde On Blonde”, que contó con la guitarra de Robertson y colaboraciones de Danko, Manuel y Hudson (merece la pena buscar el descarte de este álbum titulado “She´s Your Lover Now”, disponible en el volumen II de las Bootleg Series). La cima del concierto llega al final, cuando Dylan es insultado por un miembro del público, que le llama “Judas”, a lo que respondió su famosa frase: “I Don´t Believe You, You Are a Liar!!!”. Acto seguido miró a The Band y les dijo: “Play Fucking Loud!!!”. La versión de “Like a Rolling Stone” de aquella noche resuena enlatada en CD años después, vengativa y triunfal.
                                         
           
Esta febril actividad en los escenarios se vio interrumpida por el famoso accidente de moto sufrido por Zimmerman en julio de ese año 1966, que aprovechó para desaparecer de la vida pública y dedicarse a su familia y a tocar con sus nuevos amigos de The Band, quienes habían alquilado una casa en Woodstock( la famosa Big Pink), retiro de músicos y artistas por aquellos años previos al famoso festival.
     
 

         
                                   
      Music From Big Pink.
Estos ensayos dieron lugar a grandes canciones que se hicieron populares en voces ajenas incluso antes de ser publicadas por sus autores, como “Quinn the Eskimo” a cargo de Manfred Mann y Hollies, “This Wheel´ On Fire”, popularizada por Brian Auger and The Trinity, “Million Dollar Bash”, que conoció una bonita versión a cargo de Fairport Convention... Algunas de ellas fueron publicadas en “The Basement Tapes” (1975) como respuesta de Dylan a la gran cantidad de ediciones piratas de estas sesiones de 1967, y otras fueron a parar al primer álbum de The Band, “Music From Big Pink” editado al año siguiente.
           
 
El disco de debut de The Band sorprendió del mismo modo que el citado “John Wesley Harding”, su aparente sencillez y el sonido bonachón y lleno de humanidad de sus surcos cautivó a músicos de la época como Van Morrison, Eric Clapton, Neil Young, Grateful Dead e incluso a George Harrison, quien en el documental “Anthology” declaró que en los últimos meses de la existencia de The Beatles era mucho más feliz tocando con The Band que con sus compañeros de grupo.  
                                         
 
Por otra parte, también sorprende que este disco, un debut de un grupo desconocido suene como una obra de madurez, pero poca gente sabía que estos cinco músicos se habían curtido durante diez años en la carretera, primero en los tugurios de Toronto y alrededores y después acompañando a Bob Dylan durante sus giras eléctricas y su retiro en Woodstock. Toda esa sabiduría musical se puede apreciar en un álbum reposado y reflexivo, que se abre con la doliente balada “Tears of Rage” entonada por el pianista Richard Manuel con su mejor tono Ray Charles, algo muy inusual en aquellos años. En este álbum no encontraremos solos de guitarra estridentes ni alardes instrumentales, sino una verdadera labor de grupo donde cinco músicos multiinstrumentistas ponen toda su habilidad al servicio de la canción.
La mayor parte del álbum está compuesta por el guitarrista Robbie Robertson, quien se destapa con la totémica “The Weight” en la que Buñuel inspira una exitosa fusión de country, gospel, ragtime y soul, que se convertiría en uno de los clásicos indiscutibles del grupo.
                                         
   

             
                                         
 
Por su parte, Richard Manuel contribuye con las lánguidas baladas soul “Lonesome Suzie” y “At The Station”. De las sesiones con Dylan en Woodstock se recuperan “This Wheel´s On Fire” escrita por el bajista Rick Danko y Bob Dylan, la mencionada “Tears of Rage”(Dylan/Manuel) y “I Shall Be Released”, compuesta por Dylan . Pero es esta versión de The Band su lectura más recordada, y es también donde Richard Manuel se haría famoso por su dulce falsetto rebosante de melancolía.
Otra de las piezas más recordadas del disco es “Chest Fever”, con una introducción barroca al órgano, obra de Garth Hudson, desarrollo casi progresivo y una sección de viento estilo banda del ejército de salvación. que sirve como guiño al pasado. Esta canción acabaría convirtiéndose en uno de sus caballos de batalla en directo, con la introducción titulada como “The Genetic Method”.
                                         
 
Las harapientas armonías vocales de Helm, Danko y Manuel dan nueva vida al clásico country “Long Black Veil”, recuperando un género ausente en las listas de éxitos desde hace mucho.
Pero no todo es redescubrimiento y recuperación, este no es un disco retro, sino todo lo contrario, avanza hacia delante, abriendo el camino a grupos mencionados al comienzo de este artículo y a las hooligans pubrockeros británicos (Brinsley Schwarz, Help Yourself, Graham Parker e incluso Elvis Costello recogieron bastante influencia del mismo).
Este nexo entre pasado y presente (y futuro) se plasma de manera simbólica en una de las fotos interiores del disco, donde aparecen los cinco miembros de “La Banda” con las generaciones anteriores y posteriores a ellos en una fotografía tomada por Elliot Landy en Ontario.
     

       
 
Sin embargo, no se hicieron populares de inmediato, un accidente de Danko poco después de su edición, que les mantuvo alejados de los escenarios buena parte de 1969 (aunque llegaron a actuar en el Festival de Woodstock) el hecho de que no concediesen entrevistas durante ese período y la confusión respecto al nombre del grupo y el disco (mucha gente pensaba que el grupo se llamaba “The Band” y que era obra de Music From Big Pink), rodearon a The Band de un halo de misterio que desaparecería con la edición de su segundo álbum el siguiente año, titulado precisamente “The Band” y que despejaba incógnitas mostrando una foto del grupo en blanco y negro en la portada, ataviados como buscadores de oro del S. XIX.
                                         

 
Una banda americana.
En este segundo álbum podemos encontrar perfeccionados los hallazgos del anterior, con los cinco miembros de The Band en estado de gracia interpretativa y grandes temas de Robertson y Manuel, como el titular “Across The Great Divide”, pletórica de swing, el country rock de “Rag Mama Rag” y “Up On Cripple Creek” (con un clavinet tocado por Hudson lleno de funk), y las piezas centrales del álbum “The Night They Drove Old Dixie Down” y “King Harvest (Has Surely Come)”.
       
                                         
 
La primera de ellas discurre solemne como un himno mientras Levon Helm narra en primera persona el drama de la población civil de los estados sureños durante la guerra de Secesión americana, el dolor de perder a un hermano por una guerra absurda, la carestía de alimentos y la sinrazón de las guerras civiles.
Esta temática social se repite en “King Harvest (Has Surely Come)”. Con una estructura de blues funk muy parecida a algunos temas de Traffic y coronada con un solo de Robertson en el que no sobra ni una nota (estilo George Harrison),esta canción trata de la desesperación de los pobres y su lucha, un gigante dormido que cuando despierte tomará lo que le pertenece.
Por su parte, Richard Manuel, contribuye con baladas lánguidas muy de su estilo, como la delicada “Whispering Pines”, y cantando “Rockin´ Chair” donde expresa la nostalgia del hogar de un ballenero que vuelve a casa con sus amigos después de haber pasado toda su vida en el mar. Sobrecogedora.
Con este disco llegó la consagración artística y comercial del grupo, el disco alcanzó el puesto nº 9 en las listas americanas, y The Band actuaron con bastante regularidad por territorio norteamericano, convirtiéndose en uno de los grupos más mimados por la crítica de ese momento.
                                         
 
Miedo escénico.
Sin embargo, el éxito les llegó demasiado de una forma demasiado repentina, de tocar en música sencilla en pequeños locales se habían convertido en un estrellas de rock, la locura de las giras, la histeria de los conciertos y la irrupción de drogas duras en el entorno del grupo empezaron a hacer mella en el estado de ánimo de algunos de sus miembros, en especial en Richard Manuel, que comenzó su descenso al infierno alcohólico del que nunca saldría y en Danko y Helm que empezaron a coquetear con la heroína.
Su siguiente paso discográfico estaba pensado como la grabación de un concierto ante una audiencia reducida en el Woodstock Playhouse, pero las autoridades locales se opusieron a ello, de modo que se grabó sin público en unas sesiones breves y espontáneas que iban a ser producidas por Todd Rundgren, pero finalmente fue Glyn Johns quien se hizo cargo de ellas.
Lo que estaba previsto como un disco de rock optimista y festivo acabó convirtiéndose en un disco con letras muy confesionales, en ocasiones angustiosas, como en “Daniel and The Sacred Harp”. Robbie Robertson recurre a una imaginería casi religiosa en esta especie de parábola sobre la integridad perdida a cambio de la fama. Con Levon Helm como narrador y Richard Manuel haciendo de Daniel, un órgano de iglesia tocado por Hudson y el slide de Robertson, es una de las canciones más importantes del álbum junto al tema titular, cantado por Rick Danko, sobre la ansiedad y cansancio de la vida en la carretera y los escenarios, sobre como un pobre muchacho solitario se ve envuelto en todo eso y está deseando que acabe… para empezar otra vez. “The Shape I´m In”, un stomp blues cantado por Manuel y “Time To Kill” continúan esta temática.
 

                                         
     
Sin embargo, hay momentos festivos como “Dr W.S. Walcott Medicine Show”, donde rinden tributo a la tradición americana de los “medicine shows”, en las que curanderos y charlatanes vendían sus productos milagrosos en giras itinerantes acompañados de músicos y bailarinas, “Strawberry Wine”, entonada por un Helm bastante colocado y adornada por el acordeón de Garth Hudson, con un sonido muy Nueva Orleáns, o la preciosa “All la Glory”, dedicada a la hija pequeña de Robertson.Editado en agosto de 1970, “Stage Fright”, con un sonido más pulido, más rock y menos rural que los anteriores, se vendió muy bien, alcanzando el puesto nº 5 en la listas americanas.
La vida es un carnaval.
Los meses posteriores los emplearon en preparar el material destinado a “Cahoots”, su cuarto álbum en estudio, editado en 1971. Comparado con los anteriores, baja un poco el nivel, material menor como “Where do we go from here”, “Thinkin´out Loud” o la mayor complejidad musical del material, hace añorar los discos anteriores, aunque contiene grandes canciones como “Life Is a Carnival”, con arreglos de viento de Allen Toussaint, el tema de Dylan “When I
 
Paint My Masterpiece”, el dúo de Richard Manuel con un invitado de excepción, Van Morrison, en “4% Pantomime” o la solemne “The River Hymn”.
Sin embargo, a pesar de su título, durante la grabación de este disco, empieza a perderse la camaradería entre los miembros del grupo, los problemas de Manuel con el alcohol se acentúan, y Danko y Helm no aportan ninguna canción al álbum. La llama comenzaba a apagarse.
Sin embargo, en directo continuaban siendo una de las mejores bandas del panorama norteamericano. Su feliz colaboración con Allen Toussaint se repitió en un concierto celebrado en la nochevieja de 1971, recogido en el doble álbum “Rock of Ages” (existe una reedición en CD con temas no aparecidos en el Lp original y cuatro temas de la actuación sorpresa de Bob Dylan junto a sus antiguos compinches esa misma noche).
Este disco se beneficia de los arreglos de viento con aromas sureños aportados por Toussaint, que perfecciona lo llevado a cabo en ese sentido en los álbumes de estudio, los temas ganan en swing y en fuerza, y La Banda demuestra su buen hacer en vigorosas revisiones de sus clásicos (“The Weight”, “Stage Frigh”, “King Harvest”, “Across the Great Divide”, “Caledonia Mission”, “The Night They Drove Old Dixie Down”…). Un disco comparable a “Grateful Dead”(1970), los conciertos del Fillmore de los Allman Brothers o “Mad Dogs and Englishmen” de Joe Cocker.
En dique seco.
En cuanto a actividad discográfica, 1972, sólo conoció la edición del disco en directo comentado hace escasas líneas, y hasta 1973, la actividad musical del grupo es bastante escasa. Fue en ese año cuando volvieron al estudio para grabar “Moondog Matinee”, un disco compuesto por versiones de clásicos del rock and roll y el r&b como “Mystery Train” y piezas de Allen Toussaint, Sam Cooke, Bobby Blue Bland, Chuck Berry y Fats Domino entre otros. Ninguna de estas recreaciones puede considerarse esencial y muchas de ellas suenan pobres en comparación con las originales.
El resto del año lo emplearían en acompañar a Bob Dylan en la grabación de su álbum “Planet Waves”, el único disco de estudio que grabarían juntos (“The Basement Tapes” no es un producto acabado, y su edición tuvo como propósito frenar las ediciones piratas). Es un disco que muestra la cara amable del amor en canciones dedicadas a su mujer Sara (“Wedding Song”,“Tough Mama”, “Never Say Goodbye”, “Something There Is About You”), la clásica “Forever Young” dedicada a su hijo, y el reverso oscuro de este amor y serenidad familiares, “Dirge” y “Going, Going, Gone” parecen predecir las nubes oscuras que se acabarían cerniendo sobre el cielo de Dylan en los años de “Blood On The Traces”.
Publicado en 1974, el disco llegó al número 1 en listas americanas, de modo que La Banda y Dylan se replantean su sociedad y emprenden una gira ese mismo año. Una gira de estadios de gran éxito, la primera que realizaban desde 1966, pero en este caso, la alquimia sonora es sustituida por profesionalidad, y los magos del sonido de 1966 son ahora una banda de rock de estadios perfectamente engrasada, aunque en algunos casos suenan demasiado impetuosos, perdiendo un poco la calidez y el intimismo de su música.
Dicha gira queda recogida en el doble disco en directo “Befote The Flood”, con inspiradas lecturas de “Lay,Lady,Lay”, “All Along The Watchtower” y “Like a Rolling Stone”, pero también otras demasiado forzadas de “It Ain´t Me, Babe”, “Highway 61 Revisited” o “Blowin´ in The Wind”, todas ellas a cargo de Bob Dylan y The Band. También hay espacio para interpretaciones en solitario por parte de Bob Dylan, y de algunos clásicos del grupo, ya sin Dylan.
La novedad en este sentido reside en la inclusión de “Endless Highway”, el clásico perdido del grupo. Proviene de las sesiones de “Cahoots”, y fue perfeccionada en las sesiones de “Moondog Matinee”, pero nunca fue publicada al margen de este disco en directo (y de “Live At Watkins Glen”, disco que recoge la actuación de The Band en el festival del mismo nombre, donde también actuaron Allman Brothers Band y Grateful Dead).
                                         
 
Viaje al sur.
A finales de 1973, Robertson se había establecido en los Ángeles, donde se hizo con unos estudios de grabación, Shangri-La, un antiguo burdel, acondicionado para esta función.
Los restantes miembros del grupo le siguieron en 1974 y volvieron a ensayar con regularidad, gracias a disponer de un estudio a tiempo total. Tras la gira con Dylan, comenzaron a dar forma a lo que sería el resurgir creativo de The Band, pero al mismo tiempo su canto del cisne en estudio.
Con una sonoridad limpia, semejante a la de “Stage Fright”, pero con unos arreglos de teclados más modernos, las canciones de este disco vuelven a tener el toque mágico, el paseo por Nueva Orleans de “Ophelia”, la emotiva “It Makes No Difference”, la epopeya del éxodo de los Acadios hasta Lousiana, “Acadian Driftwood”, con reminiscencias bíblicas, influencias literarias de John Steinbeck (“Las Uvas de la ira”) y elementos de road movie, cantada por Rick Danko, Richard Manuel y Levon Helm y “Rags and Bones”, sobre el abuelo de Robertson, un vagabundo que vivía en la calle contando historias y cantando viejas canciones a cambio de unas monedas, un canto a esas personas cuya magia se pierde para siempre excepto en la memoria de unos pocos elegidos.
El disco resultante se tituló “Northern Lights, Southern Cross” y se editó en 1975, recibiendo muy buenas críticas, pero sin hacer demasiado ruido en las listas de éxitos, alcanzando el número 26 en Estados Unidos.
Ese mismo año colaborarían en la grabación de “No Reason To Cry” de Eric Clapton y “The Woodstock Album” de Muddy Waters.
A pesar de este regreso a la forma, el cansancio acumulado de tantos años en la carretera, así como problemas con su compañía de discos lleva a Robertson a tomar la decisión de abandonar las giras en 1976. El resto del grupo apoya su decisión y anuncian que darán su último concierto el día de Acción de Gracias.
                                         
                                 
   
El ¿último? Vals.
Según las palabras del propio Robertson, este iba a ser un concierto especial, más que de un concierto iba a ser una celebración, la despedida de uno de los grupos más influyentes de los años 70 de los escenarios no podía ser menos.
Acudieron como invitados admiradores y amigos de la talla de Neil Young, Joni Mitchell, Dr John, Van Morrison, Eric Clapton, Muddy Waters y Bob Dylan, quienes tocaron canciones propias junto a The Band, quienes a su vez, dieron un repaso a lo mejor de su obra en un concierto filmado para la posteridad por Martin Scorsese y acerca del que se ha escrito mucho ya. El álbum triple y la película, titulados ambos “The Last Waltz” fueron un éxito absoluto, y tanto uno como otra han marcado un hito en sus respectivos géneros.
A pesar de esta despedida, The Band tuvo que editar un disco más, debido a obligaciones contractuales. Ese disco se tituló “Islands”, formado por sobrantes de discos anteriores, y quizá solamente sean memorables “The Saga of Pepote Rouge” y “Knocking Lost John”. Publicado el año del punk, apenas suscitó interés de público y crítica, poniendo un anticlimático punto y final a la carrera del grupo.
                                 
                 

   
 
Coda.
En el mundo del rock, las promesas son algo que jamás deberían romperse. Al margen de discos en solitario más o menos dignos(“Levon Helm and the RCO Allstars” y el debut de Rick Danko son especialmente interesante) , lo relacionado con The Band posteriormente a The Last Waltz tanto en los escenarios (la primera de ellas fue la gira de 1983) o en disco (“Jericho”, “High On The Hog” y “Jubilation”) es perfectamente olvidable. Robertson no tomó parte en ninguna de estas reuniones.